Estamos viviendo un momento que hace poco parecía una fotografía lejana. La salida de Maduro del poder no es solo un hito en los libros de historia; es, sobre todo, una sacudida a nuestro presente. Pero, entre tanta euforia y expectativa, hay una pregunta que me da vueltas en la cabeza y que quiero compartir con ustedes: ¿Estamos listos para ser los ciudadanos que este nuevo país exige?
Sé que suena fuerte, pero hablemos claro.
El mito de la «Viveza Criolla»
Durante años, nos vendieron la idea de que ser «vivo» era una virtud. Que saltarse la norma, pagar para no hacer la cola o burlar el sistema era señal de inteligencia. Pero hoy, en pleno 2026, nos damos cuenta de que esa «viveza» no era más que anarquía disfrazada.
La corrupción no es un mal exclusivo de quienes firman decretos; es un virus que se filtra cuando decidimos que nuestra comodidad vale más que el derecho del vecino. La corrupción empieza en el semáforo que ignoramos y en la falta de respeto a la propiedad ajena.
Ciudadanos de una nueva era
Si algo tengo claro es que no podemos construir una nación moderna con hábitos antiguos. Para habitar esta nueva etapa, necesitamos disciplina y coherencia.
En casi todos los países del mundo existe la corrupción, no somos los únicos. Pero la diferencia entre los países que avanzan y los que se estancan es el criterio ciudadano. Es esa capacidad de decir: «No lo hago, no porque me multen, sino porque no es lo correcto».
Sé que venimos de un sistema viciado, donde sobrevivir nos obligó a tomar atajos. No será una tarea fácil resetear nuestro comportamiento, pero es una tarea obligatoria.
El ejercicio de la integridad
El cambio político es una oportunidad de oro, pero el cambio social es nuestra responsabilidad personal e intransferible. No sirve de nada cambiar las caras en el poder si nosotros seguimos siendo los mismos que fomentan el desorden.
Propongámonos esto:
- Ser coherentes: Que lo que exigimos en redes sociales sea lo mismo que practicamos en la calle.
- Tener criterio: Respetar las normas, cuidar los espacios y valorar el esfuerzo ajeno.
- Ejercer la ciudadanía: No como un concepto abstracto, sino como un hábito diario.
Venezuela no se va a arreglar solo con inversiones extranjeras o nuevas leyes; se va a arreglar cuando cada uno de nosotros decida que la anarquía ya no tiene espacio en nuestra maleta.
El camino es largo, pero el destino vale la pena. Empecemos hoy a ejercer la ciudadanía que soñamos.
¿Y tú? ¿Qué hábito estás dispuesto a cambiar hoy para construir ese país que merecemos?
Recuerda: «La libertad sin disciplina es solo caos».
Amanda Lucci
